Antonio Machado y Soria

El Más Allá en Soria: Duelo en Soria por Leonor, esposa de Machado, en 1912

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 LEONOR IZQUIERDO DE MACHADO

José María Palacios
El Porvenir Castellano 5-VIII-1912

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Pocas veces con más razón que en la presente podremos decir zue el dolor embarga nuestro ánimo y que es muy difícil que el entendimiento tenga la lucidez necesaria para reflejar sobre unas cuartillas la verdad y la intensidad de aquél.

Ha muerto la esposa amantísima de nuestro entrañable, del amigo del alma Don Antonio Machado.

Doña Leonor Izquierdo de Machado, tan joven, tan buena, tan bella, tan digna del hombre en cuyo corazón es todo generosidad y en cuyo cerebro dominan potentes destellos de inteligencia ha muerto, y, ¡parece mentira! ¡Pobre Leonor!

Es absurdo, en verdad querido Machado, incomprensible, cruel, pero la muerte es así de atrabiliaria y de inconmovible.
Piense usted una vez más en aquellos profundos versos, saturados de ironía y desprecio, de su hermano Manuel, poeta excelso como usted.

¡Qué la vida se tome la pena de matarme ya que yo no me tomo la pena de vivir!

Pero no, la vida no es la que mata, aunque ella represente la pena de vivir, pena sobre todo en estas circunstancias de usted en que se ve una juventud tronchada y toda una inmensidad de cariños y de ilusiones perdidas. ¿Por qué, Dios mío, ha de ser la vida tan amarga?

Su alma de poeta y de artista se estremeció profundamente ante la virtud y la belleza y su lira repleta de epitalamios y su pecho rebosante de generosidad y de grandes afectos, dispuestos estuvieron un día llamado por usted el más feliz de su vida en la noche más triste, a una ofrenda santa que usted, amigo del alma, prolongará siempre, pero que una enfermedad traidora y tenaz ha convertido de una manera verdaderamente absurda en amarga tristeza y desconsuelo, que cuando es tan intenso como el suyo, anonada y desespera.

Yo quiero que llore usted lo menos posible; juntos hemos llorado la desdicha y con nosotros la lloran cuantos conocen y estiman a usted y conocieron y estimaron a Leonor, ¡a Leonor, que a pesar de todos los cariños, de todos los cuidados, de todos los sacrificios de todos los medios imaginados por usted y los médicos, a todas horas para arrebatarla a la Parca, pudo ésta más que todos, y no fue posible hacerla sobrevivir a la enfermedad que minó su existencia poco a poco, sin nada que se pudiera oponer a su avance!.

¿Por qué los hombres, en vez de matarse los unos a los otros, y de odiarse, no hemos de estudiar la manera de conservar la vida a los jóvenes? ¿Somos demasiado torpes, o demasiado pequeños?.

Escribo estas cuartillas entre las miradas de los que conmigo velan el cadáver de la que fue (y ayer era todavía. Un siglo y un minuto de tiempo) su amadísima esposa.

¡Qué de consideraciones se agolpan a la imaginación ante el cadáver de una mujer joven y buena!

Lleva usted veinticuatro horas horribles, transido por el dolor y deshecho por el llanto. Junto a usted lloran también dos madres buenas, igualmente desconsoladas. Y de vez en vez, la mano angelical de una infantita que también llora por su hermana, limpia las lágrimas a su madre. Dentro del mismo dolor hay alguna nota de consuelo.

Todos los amigos de usted queremos llevarle una parte muy grande, primero en el dolor y después en el consuelo.

La redacción de EL PORVENIR CASTELLANO que tiene de antiguo para usted cariños muy sentidos, toma una parte sincerísima en su desgracia.
Yo que vivo cada vez más intensa y más concentrada la vida de mis afectos, quiero llevar una proporción, la más grande, aparte de la de usted en su propia pena.

Y su parte pedirán también otros muchos, y no pocos desde lejos. ¿No puede aliviarle a usted, esto un poco, querido Machado?

Fue usted todo para Leonor, en amor, en tiempo, en actividad y en esfuerzo, y ella que está donde están las almas limpias y vírgenes como la suya, ha de bendecirle y enviarle alientos para continuar esta lucha que la vida representa, casi siempre con penas y pocas veces con satisfacciones.
En esta impresión dominadora y terrible de ahora, yo he dicho sin ilación y con dolor unas cuantas cosas. Es seguro que no reflejan bien un estado de alma porque no pueden reflejarlo.

Pero si ellas no lo reflejan, mientras rezo una oración en honor a la memoria de Leonor, tan buena, tan joven, y tan digna de usted, como la pobre hermanita que secaba las lágrimas a su madre, yo abro los brazos para que sobre ellos deje usted caer las suyas, que también alivian el espíritu. Y caen sobre un pecho amigo que las acoge con cariño y las guarda con predilección para decir luego a quien las arrojó:

El dolor santifica las almas grandes. Hay que ser fuertes ante el dolor…”

 

EL FUNERAL SEGÚN EL PORVENIR CASTELLANO

 

“En los funerales verificados con toda solemnidad en la mañana del día 2 en la iglesia de La Mayor, por el alma de la que fue bondadosísima Sra. Doña Leonor Izquierdo de Machado (q.e.p.d.), hubo muy numerosa concurrencia. Ésta fue mucho mayor todavía en el acompañamiento del cadáver al cementerio de esta población.

Ambos luctuosos actos fueron nutridísimas manifestaciones de duelo, que probaron las generales estimaciones que por su inteligencia y su afabilidad se había granjeado la finada, y que merece su esposo y toda la familia.

Presidieron el duelo don Agustín Santodomingo por el Claustro del Instituto y varios familiares.

Sobre el severo féretro iba una magnífica corona homenaje del claustro de nuestro primer centro docente a doña Leonor Izquierdo.
Tomaron las cintas los profesores Sres. D. Miguel Giménez de Cisneros, don Fermín Jodra, D. Federico Zunón y el Sr. Cabrerizo.
Por la casa de D. Antonio Machado y para significar a él y familia su pesar por la irreparable desgracia, desfilaron muchos amigos y relacionados. A todos hace presente nuestro amigo su agradecimiento y nosotros en su nombre desde estas columnas. Si ha habido algún olvido, los interesados se darán perfecta cuenta de estas circunstancias y lo perdonarán.

A nuestros colegas locales, “El Avisador Numantino” y “Noticiero de Soria”, hacemos presente también la gratitud del señor Machado y de su familia, por la parte que toman en su pena y por las cariñosas frases que han dedicado a la memoria de su malograda esposa.

Mañana, a las nueve y media, se celebrará el oficio fin de novena en la misma iglesia de Nuestra Señora La Mayor y seguramente estará también muy concurrido.

Por nuestra parte, es ocioso reiterar nuestro intenso pesar al esposo, a las madres y a todos”.

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