Iglesias de Soria

El Más Allá en Soria: La Octava de las Ánimas

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El 15 de diciembre de 1830 se bendijo el cementerio nuevo contiguo a la parroquial de Nuestra Señora del Espino y desde entonces no volvieron a enterrarse -salvo algunas excepciones- en los restantes cementerios de la ciudad, en opinión de Rufo Nafría Yagüe (Los cementerios municipales de la ciudad de Soria), siendo el primer enterramiento el fechado el 28 de diciembre correspondiente a un parroquiano de La Mayor.

Cuatro años después es enterrada en este cementerio la anciana María del Carmen Ortiz, viuda de Felipe Ortiz de Zurbarán que había sido regidor de Soria y, debido a su patronazgo  del nuevo camarín de la Virgen en la parroquia del Espino, había sido enterrado en su cripta en octubre de 1782, dejando a su viuda con una niña de tres años, María del Carmen, la cual fue enterrada  en marzo de 1837 a los 58 años de edad. A ambas mujeres, madre e hija, hace mención la inscripción xilográfica de la cartela que centra este artículo de “El Más Allá en Soria” sobre la cual Silvano Andrés de la Morena  realizó un detallado estudio publicado en Heraldo de Soria (pdf de 1,93 Mb: octava-real-de-animas-en-soria-por-silvano-andres-de-la-morena). La cartela se encuentra adosada a la pared este del camarín, dentro del patio-almacén de los servicios funerarios municipales, y de esta misma localización hablaba ya Víctor Híges en 1961.

 

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El texto de la zona superior, en prosa, dice: «Yacen en la bóveda de este camarín, panteón propio i peculiar de la familia, los restos mortales de Dª. Mª Rafaela Goñi, esposa que fue de Dn. Felipe Ortiz de Zurbarán i los de su hija, Dª María del Carmen Ortiz, esposa asimismo de Dn. José M. Cejudo. Falleció la 1ª el 17 de julio de 1834,  de edad de 84 años, i de 58 la 2ª el 7 de marzo de 1837 i el 18 de marzo de 1845 previo el competente permiso de la autoridad eclesiástica y civil fueron exhumadas i trasladadas a este lugar ambas cenizas».

cabecera-gotica-y-cripta-de-la-virgen-del-espino-en-soriaSilvano Andrés de la Morena propone que los trámites para materializar el traslado de los restos funerarios desde sus tumbas en el cementerio a la cripta, así como el patrocinio de esta cartela, partió de José María Cejudo, quien fuera esposo de María del Carmen.

La Octava de las Ánimas

En la parte inferior de la cartela de madera -hoy día preservada por cristal- se xilografió esta maravillosa Octava a las Ánimas de la madre e hija.

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Mortal que de la cuna presuroso
Hacia la tumba yerta y despiadada
Corres cual todos ¡ay! si ves piadoso
De hija y madre esta fúnebre morada
Ruega en tu alma a Dios por su reposo
Ruega por las que aquí son polvo y nada
Ruega y merezca tu piedad cristiana
Que otros a Dios por ti rueguen mañana

Sobre su calidad literaria escribe Silvano Andrés lo siguiente: “Magnífica, por su equilibrio formal y solemnidad de contenido… Los temas clásicos y el sentido cristiano de la piedad están presentes en su contenido. Pero también el pesimismo y escepticismo barrocos de la vida entendida como paso y convertida en nada y polvo. Temas clásicos, expresados a través de una serie de tópicos literarios de la Edad Media y del Barroco, periodos de una base cristiana extremada, como el «tempus fugit», el sentido igualitario de la muerte, el «contemptus mundi», el «homo viator, iter vitae», el «memento mori» o el «pulvis et umbra sumus», la nada del cuerpo, que se convierte en polvo. Es decir, todo lo adecuado para una sociedad como la soriana del XIX, así como para la ubicación de la placa que contiene el poema”.

Silvano Andrés sugería en su ensayo, publicado hace un año, que sería conveniente incluirla en la “Ruta Literaria” de esta zona de la ciudad puesto que el poema al Olmo Seco de Antonio Machado se encuentra en el atrio de la parroquia del Espino y la tumba de su joven esposa, Leonor, se encuentra a pocos metros de esta cartela a la que, en su opinión, habría que restaurar y trasladar a otro lugar más idóneo para ser vista y leído su poema. Esta octava real, por cierto, es protagonista de un recitado por parte del investigador y bombero soriano Angel Lorenzo Celorrio cada 8 de marzo al término del homenaje a  los bomberos fallecidos que tiene lugar en este cementerio del Espino.

¿Cuándo se trasladó a su actual ubicación desde el camarín? Silvano Andrés estima que seguramente fue tras el incendio que sufrió el interior del templo en 1952. ¿Y quién fue el autor de la octava? Silvano Andrés está convencido de que fue Antonio Pérez Rioja (1840-1902), autor de otro poema funerario que había en el frontispicio de la puerta del cementerio y que era el siguiente, según asevera José Antonio Pérez-Rioja:

Detén aquí tu paso, viandante
y mira, atiende y considera
a los reflejos de esta triste hoguera
que todo es ilusión; y no te espante.
Oro, riquezas, blasones, todo…, todo
se convierte en ceniza, en un instante

Silvano Andrés considera que la fuente inspiradora fue el soneto de Eugenio Gerardo Lobo (1679-1750) Epitafio al Conde de Osuna.

 

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José María Cejudo de Aldama

 

Respecto al presunto promotor del traslado de los restos funerarios de madre e hija al camarín así como de esta cartela, José María Cejudo de Aldama, no estamos muy convencidos por nuestra parte, ya que su papel político como afrancesado debió convertirlo en “persona non grata” una vez que las tropas francesas abandonaron definitivamente la ciudad de Soria el 14 de septiembre 1812. Una de las primeras actuaciones de Durán fue cambiar a los miembros del Concejo afrancesado que comenzó a presidir precisamente Cejudo en febrero de 1809, y a tal efecto el primer corregidor de la Soria liberada fue José Rojo y Guillén, quien tomó posesión el 20 de septiembre de 1812.

Tampoco es seguro de que siguiera vivo en marzo de 1845, cuando tiene lugar el citado traslado funerario a la cripta del Espino. Conocemos, eso sí, que había nacido en Carmona (Sevilla) el 1 de marzo de 1766 pues así se manifiesta en la Real provisión de su hidalguía ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid el 19 de Octubre de 1797 por la que se le otorga tal condición, y donde igualmente se indica que era vecino de Soria y  catedrático de Prima de Leyes de la Universidad de Santa Catalina en El Burgo de Osma. O sea, que de seguir vivo en 1845, tenía 79 años de edad.

El mariscal Ney al mando del 6º Cuerpo del Ejército francés, formado con 20.000 hombres, toma Soria el 21 de noviembre de 1808 para participar en la Batalla de Tudela. Y poco después de la ocupación entra en Soria el entonces coronel Brown con 800 hombres de Caballería e Infantería para establecerse como guarnición y ser comandante de la ciudad y provincia. Brown es el encargado de nombrar a los miembros del nuevo ayuntamiento de Soria que toma posesión el 25 de febrero de 1809 y es quien escoge a Cejudo como primera autoridad concejil.

Dice Argimiro Calama Rosellón: “Brown escogió personas de mérito y de relieve social sobre todo, tratando de tranquilizar a la población, y así nombró según la Instrucción del Gobierno de la Provincia del día 22 de febrero de 1809 a Don José Mª Cejudo, ‘hombre fuerte’, afrancesado en su trayectoria a partir de este momento, Corregidor de la Ciudad e Intendente Provincial, y primer interlocutor del mando francés de ocupación y que se ‘apuntó al carro del vencedor’ desde la deslealtad a cuanto suponía la resistencia honrada frente al invasor”.

Antes de la entrada napoleónica en España, José María Cejudo de Aldama era regidor del ayuntamiento y comisionado municipal ante las Cortes (así aparece al menos en 1807) y Godoy -que era director honorario de la Real Sociedad Económica La Numantina desde 1793-, y que atendió bastantes ruegos del ayuntamiento y de La Numantina que le solicitó Cejudo (secretario de La Numantina), por lo que Godoy era respetado en Soria. Argimiro Calama Rosellón señala que Cejudo  tenía “dotes y habilidades sociales, con una formación de gran nivel y una situación económica muy destacada”. José Bonaparte le nombraría, en junio de 1809, miembro del Consejo de Castilla y alcalde del crimen de la Real Chancillería de Valladolid.

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