Soria en la Historia

La Medina Soria que no era nuestra Soria

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En 1860 se publicaba en Granada una traducción al castellano de la transcripción islámica de Dozy de Al-Bayan al-Mughrib que Muḥammad Ibn’Idhārī Al-Marrakusi comenzó a escribir en 1312 partiendo de crónicas y anales islámicos anteriores. Esta traducción – bastante defectuosa según J. Martos Quesada– la realizó Francisco Fernández González con el título “Historias de Al-Andalus / por Aben-Adharí de Marruecos

En su página 200 leemos: “Y en el año 255 salió Al-Hacam ben Al-Amir Muhammad, y se dirigió a Medina-Soria donde se había hecho señor Suleiman ben Abdos, y fue molestado en ella, y se preparó contra él una saifa y acamparon en frente de él ejércitos que le cercaron en la ciudad, y lanzaron piedras con almageniq hasta que derribaron sus azuares, y se levantó la gente de la ciudad contra Suleyman ben Abdos, que se sometió y descendió (Al-Hacam) y marchó con él a Cordoba, ciudad donde moró después”. Ahora bien, que sepamos, Dozy no realiza la traducción francesa de ese pasaje concerniente al año 255 de la Hégira, o sea, el año 869 de nuestro cómputo cristiano occidental; por tanto es Francisco Fernández el primero en asignarle ese topónimo a la medina rebelde, Soria. Pero hay que tener muy en cuenta, entre otras cosas, que el alfabeto islámico carecía de vocales, era un alfabeto abja, sólo consonántico y que, además, su traducción es deficiente según Martos Quesada.

Reinhart P.A.M. Dozy había publicado  “Histoire de l’Afrique et de l’Espagne, intitulée al-Bayano’l-Mogrib, et fragments de la Chronique d’Aríb (de Cordoue). Le tout publié pour la Première fois, précédé d’une introduction et accompagné de notes et d’un glossaire” (1848-1851).  El manuscrito utilizado por Dozy estaba en la biblioteca de su pueblo natal holandés, Leiden, adquirido por Solins en Marruecos hacia 1622 – 1624; manuscrito que el propio Dozy consideraba que era una copia  realizada en el siglo XVI.

La adscripción topográfica a nuestra Soria de esta medina rebelde que, por su parte, E. Lévi- Provençal acepta y difunde en 1950 en el tomo IV  (España Musulmana) de la “Historia de España” dirigida por Menéndez Pidal (1950, página 383), oficializa académicamente que se trata de Soria, pero ya Leopoldo Torres-Balba a raíz de su estancia profesional en nuestra ciudad dudaba de ello y advertía lo siguiente en su ensayo “Soria. Interpretación de sus orígenes y evolución urbana“: “Al no mencionarse en las restantes crónicas [árabes] conservadas, cabe la sospecha de que el copista del manuscrito arábigo escribiera mal su nombre y se refiera a otro lugar, o que el autor de la versión francesa haya interpretado erradamente la grafía“. Creemos que estas dudas de Torres-Balba son acertadas debido a este trasiego de copias manuscritas en alfabeto sin vocales (ya presente en Ibn’Idhārī, no lo olvidemos ) que son copiadas y luego trasladadas a imprenta.

La traducción de Francisco Fernández dice: “… y lanzaron piedras con almageniq hasta que derribaron sus azuares”, o sea, que la aceifa comandada por al-Hakam sitió la medina (ciudad), atacaron con almajaneques y derribaron sus murallas por la zona en que que lanzaban piedras de más de media tonelada de peso. Por tanto, para que fuese preciso emplear almajaneques, era forzoso que tal medina contase con una fortificación muy sólida y alta.  ¿Dónde están los restos arqueológicos de tales murallas islámicas en la actual Soria..? ¿Y dónde los restos arqueológicos de viviendas musulmanas, cerámica islámica, metales islámicos…. etc, etc, etc..? No existen, y no los hay porque no existió tal Medina Soria ni nada que se le pareciera.

 

Soria amurallada a finales de la Edad Media, según Torres Balba

Este error toponímico y filológico al localizar tal medina con nuestra Soria lo han evidenciado algunos islamólogos, y la explicación de tal equívoco ha sido aceptado por diversos historiadores desde entonces.  Sin ir más lejos, geográfica y temporalmente, Marisol Encinas Manchado en el capítulo “Intrahistoria de la ciudad de Soria en la Edad Media: Hábitat, religión y muerte” (incluido en el libro “Soria. Su historia, sus monumentos, sus gentes”, coordinado por Carlos de la Casa y J.A. Martín de Marco, publicado por el Ayuntamiento de Soria en 2015), advierte lo siguiente: “… esta idea [la de Medina Soria] se ha puesto en entredicho aludiendo a que el enclave en cuestión no sería Surya sino Surita, es decir, Zorita de los Canes” (Manzano, 1991: 145; Felipe, 1997:87). Tampoco es más segura la noticia trnasmitida por Ibn al-kardabus sobre la cesión de Soria por Al-Kadhir a Alfonso VI /1079) ya que parece probable que, en este caso, Suriya se refiere a Zorito, núcleo cercano a Toledo (Maillo, 2011:101)”.

Las referencias bibliográficas en las que se apoya Marisol Encinas corresponden a  Manzano Moreno, E (1991): La frontera de al-Andalus en época de los omeyas, Madrid, CSIC;  Felipe H, de (1997): Identidad y onomástica de los bereberes de al-Andalus, Madrid. CSIC, y la traducción de Felipe Maíllo Salgado del Kitab al-Iktifa de Ibn Kardabūs que titula Historia de al-Andalus (Ed. Akal).

Manzano Moreno considera que Surita (Zorita de los Canes), donde se encuentra el yacimiento visigodo de Recópolis, se hallaba inicialmente en los límites del territorio denominado Santabarya  (que corresponde a casi toda la provincia de Cuenca y zona meridional oriental de Guadalajara) antes de ser controlado por el linaje de los Banu Abdus.  Según Laura Olmo Enciso este linaje, que es el que dominaba esa Medina Surya rebelde, “controlará la región del Tajo (correspondiente al sector occidental de éste en la actual provincia de Guadalajara), centrada en el territorio de la ciudad de Recópolis y su sucesora Zorita…, linaje que perdurará en Zorita hasta época de Abd al-Raman II”. Igualmente, recurriendo a las investigaciones de Manzano Moreno, señala que Ibz Hazm (994-1064) sitúa también a este linaje en Zorita (no en Soria, que no existía siquiera), e inserta el siguiente mapa (“De Celtiberia a Šantabariyya: la gestación del espacio y el proceso de formación de la sociedad andalusí (ss. VIII-IX), en Zona Arqueológica, n 15, Arqueología e historia entre dos mundos, Museo Arqueológico Nacional, Alcalá de Henares, 2011, pág. 50).

Así mismo, Helena de Felipe insiste también que según Ibz Hazm, los Banu ‘Abdus pertenecían a la tribu Saddina, fracción de los Butr, y además Ibz Hazm los localiza en la zona de Zorita. Acepta la apreciación de E. Manzano respecto a que el relato de la sublevación de Sulayman se refiere a Surita (Zorita) y no a Soria (p.87 de Identidad y onomástica de los bereberes de Al-Andalus).

Soria en Ibn al-Kardabus

Como señala igualmente Marisol Encinas Manchado en su capítulo del último libro publicado sobre la historia de Soria, “tampoco es más segura la noticia transmitida por Ibn al-Kardabus sobre la cesión de Soria por Al-Kadhir a Alfonso VI /1079) ya que parece probable que, en este caso, Suriya se refiere a Zorito, núcleo cercano a Toledo (Maíllo, 2011:101)”.

En la traducción del libro de al-Kardabūs “Historia de al-Andalus”, Felipe Maíllo Salgado advierte que Suriya debe ser entendida como Zorito y no Soria. Y es evidente si analizamos el marco geográfico en el que se mueve la narración del párrafo que nos concierne, que es la conquista de Toledo a finales de mayo de 1085 por Alfonso VI ( ¡Anda que no está lejos Soria de Toledo como para ser objeto urgente de ese canje que testimonia Kardabūs ! ¿Y dónde se encuentran los restos arqueológicos de una fortaleza islámica de 1085 en Soria!?).

He aquí lo que nos interesa destacar de la página 101:

 

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