Laguna Negra

Leyendas no machadianas de la Laguna Negra

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Libro de Grandezas de Pedro MedinaLa leyenda de la Tierra de Alvargonzález escrita en prosa y verso por Antonio Machado es hija de su imaginación y  talento como escritor, aunque basándose en elementos de la “crónica negra” soriana de su época. Ahora bien, la Laguna Negra -ubicada en el Monte de Santa Inés del término municipal de Vinuesa, pero copropiedad dicho monte del Ayuntamiento de Soria y Mancomunidad de los 150 Pueblos-, la Laguna Negra, decimos, ha motivado en la psique humana, desde hace siglos, diversos relatos, consejas, leyendas o como queramos denominarlas.

El más antiguo -al que hemos llegado investigando hace unos días- está reflejado en el Libro de grandezas y cosas memorables de España escrito por Pedro de Medina e impreso en 1548 y que tuvo varias reediciones, en una época en la que se consideraba que la Laguna Negra servía de manadero o nacimiento del río Duero (opinión que subsistió varios siglos, por cierto). En esta temprana mención a la Laguna Negra escribe Pedro de Medina: “Nace el río Duero en unas tierras que se llaman Orbión de una laguna que está en lo más alto muy grande y tan honda que no le alcanza el fondo. En ella han aparecido cosas monstruosoas y horribles. Está tan alta que en todo tiempo del año se halla en ella nieve.”

A continuación transcribimos unos párrafos de dos libros publicados en 1880 y 1882.

 

Laguna Negra de Soria_Foto Valentin Guisande_Mancomunidad 150 Pueblos

Vista del glaciar de Laguna Negra- Foto de Valentín Guisande para Mancomunidad de los 150 Pueblos

UNA VISITA A LAS LAGUNAS DE URBIÓN – Juan José García – 1880 –

Los elevados picos, las enormes grietas tras de las cuales ora se divisaba una negra y oscura sima, ora el azul de cielo; aquellos derrumbaderos por donde los siglos van precipitando uno tras otro los peñascos, atrancando su vestidura á las montañas; las redondas copas de los pinos que asomaban su cabeza por las hendiduras de la cordillera como los negros fantasmas habitantes del abismo; la soledad del sitio y los reducidos limites del horizonte, traían á nuestra memoria las fantásticas concepciones y las historias fabulosas con que, la impresionable imaginación del vulgo ha revestido de absurdas preocupaciones los alrededores de la laguna Negra.

Quien, dice haber visto salir de sus tenebrosas ondas un monstruoso animal bajo la forma de un gigantesco lagarto, y haber sido largo rato perseguido por sus aceradas uñas, quien desmesuradas serpientes y extraños y singulares pescados; otros dicen haber arrojado un carnero al fondo de las aguas suspendido en el extremo de, una larga cuerda, y al extraerla á los pocos instantes haber sacado sólo el esqueleto. Hay quien cree que la laguna no tiene fondo; hay quien siente sus bramidos á tres leguas de distancia y quien la considera como el taller y fragua donde se forjan por misteriosos ciclones todas las tempestades de la comarca. Ávidos de contemplarla tras los afilados bordes de la cuerda que aun la ocultaba á nuestra vista, tratamos de forzar el paso, mas no pudimos menos de detenernos ante la majestuosa y bellísima cascada que antes de llegar a ella vino á caer á nuestros pies y cuyo atronador murmullo hacía rato que escuchábamos, aunque sin comprender el sorprendente espectáculo que sus enormes saltos, descendiendo por los escalones de la montaña, iban á ofrecer á nuestras miradas. Caían sus dilatados hilos desde la elevadísima cumbre cual si el mágico manantial brotase de las nubes, y ora arrastrándose en graciosas curvas por las ondulaciones del terreno, ora dejándose descolgar desde los bordes de escarpadas rocas, semejábase á una paleada serpiente que escurriéndose desde la cima de la montaña iba á sumergirse en los tenebrosos abismos de la laguna.

Ramas secas sobre Laguna Negra de Soria

Urbión y la Laguna Negra. Vistas de un paisaje (1882)

Erasmo Llorente

Mas vengamos á la Laguna Negra que tenemos en contemplación, y de ella veréis con todos los colores de verosimilitud, innumerables hechos apoyados en lo misterioso de origen remoto y desconocido: quien cuenta y cree que no reconoce por asiento el suelo; quien dice como cosa cierta y vista, haberse sumergido en ella un carnero suspendido por una cuerda asegurada á sus enroscados cuernos y momentáneamente al hacer la extracción solo el esqueleto salió; quién cree también que las ruidosas tempestades que se estrellan con furia contra la tierra salen de allí; quién asegura y hasta da señales de haber visto los restos, que hubo de aventurarse en una ocasión un curioso a sondearla con un barco que en sus orillas fue construido á éste fin, y apenas se había internado en ella fue sumergido bruscamente, desapareciendo para siempre entre sus misteriosas aguas; quién en fin, tiene en su memoria una colección de historietas en forma que hacen de ésta Laguna un lugar misterioso y encantado que llenan de admiración á los corazones sencillos de hombres ignorantes y mujeres histéricas, que los creen y recitan con la misma facilidad que pudieran hacerlo con un pasaje bíblico ó religioso.

Un acontecimiento á guisa de muy importante y extraordinario entretiene las conversaciones muy continuamente cuando de la Laguna se trata. Dícese que en una ocasión, por cierto que ha de ser muy remota, un misterioso viajante puso sus pies en aquellas encumbradas regiones y vino al borde de una de las altísimas rocas laterales de la gran concavidad que encierra la Laguna Negra.

Era á la sazón, un día despejadísimo y claro de verano, sin que hubiera el menor indicio de tempestad. Nada de extraño ni de particular parece le ofrecía la vista de aquellos solitarios sitios y profundos abismos: hubo de reflexionar un momento y haciendo un brusco descenso, empuñó una piedra que con fuerza agitó al viento, viniendo á dar en medio de las tranquilas aguas de la Laguna, y quedándose después un momento en contemplación, desapareció. Enseguida empezó á observarse por el mismo sitio en que fue sumergida la piedra, una especie de humo que formando al principio una pequeña columna espirálica, poco á poco fue engrosándose hasta que llenó todos aquellos ámbitos de oscura y densa niebla, que pronto cubrió todo el horizonte, dejando el sol en completo luto y el recinto en tinieblas. No tardaron mucho en dejarse oír horrendos bramidos, que producían roncos y retumbantes ecos que resonaban en las hondas quebraduras de las ásperas rocas que parece se conmovían de aquel espantoso cuan inesperado espectáculo que estremecía la comarca. A esto acompañaba un torrencioso nublado desprendiendo gruesas piedras y granizos que impelidos por el fuerte huracán eran estrellados con fuerza contra la áspera superficie de los peñascos formando un ruido infernal. En medio de éste estrepitoso ruido se dejaron oír dos horripilantes y atronadoras voces que parecían originarias de los profundos abismos y decían: “has encontrado” —”la grande sí, la chica no”, al propio tiempo a la luz que prestó un rayo que fue a sepultarse á la Laguna se dejó ver una monstruosa figura al parecer humana, de colosales formas que cruzaba por la superficie de las aguas con un aspecto feroz, terrible e iracundo, sosteniendo entre sus desmesuradas manos otra horrorosa figura como de una serpiente que no dejaba ver sobre el agua más que su espantosa cabeza. Era ésta de un monstruo infernal, cuyos espantosos ojos de un color rojizo cual dos ascuas incandescentes que á porfía parece querían salirse de sus órbitas. Su deforme boca entreabierta dejaba ver sus largos y afilados dientes entre los cuales salía sirviéndole de aliento oscuro vapor como el que despide el cráter de un volcán en estado de corrupción. Esta figura formaba el aspecto más feroz y terrible imaginario.

Fuertes ondulaciones como producto de zambullones dados por otro monstruo que no se dejó ver, se notaban en la superficie de las aguas. Al momento fueron sepultados en el centro de la Laguna. Reconcentróse tras ellas la horrorosa tempestad hasta constituirse en otra columna espirálica de humo como cuando empezó, y progresivamente se hizo menos densa, hasta que desapareció todo indicio de tormenta, quedándose despejada otra vez la atmósfera mostrando nuevamente aquellas concavidades salvajes sus naturales formas, como antes iluminadas por el sol. Entonces volvió á verse el viajero en observación donde al principio, el cual desapareció sin dejar huella alguna de su estancia en aquel sitio.

Desde aquella fecha se mira con respeto el tirar piedras á la Laguna. ¿Cuál es el origen de esta rara recitación? Nadie lo sabe.

Panoramica de Laguna Negra de Soria

 

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