Parque Dehesa de Soria

Secuoyas, gigantes vigías de la Naturaleza en la Dehesa de Soria

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Junto a la entrada del Parque de la Dehesa o Alameda de Cervantes hay dos altas secuoyas gigantes, una más a medio centenar de metros y otras dos, de mayor porte, entre la fuente de piedra y el invernadero. Otras secuoyas plantadas no hace mucho también hay en la Dehesa (así, una que hay junto a un gran cedro al final del Alto de la Dehesa es de la especie  Sequoia sempervirens)  y en los Parques del Castillo y del Lago (antigua Tejera) en la capital soriana, claro que son todavía pequeñas.

Cuenta la Wikipedia que la  secuoya gigante “es el organismo vegetal más grande del mundo en términos de suma del volumen. Crecen a una altura media de entre 50 a 85 m y de 5 a 7 m de diámetro. Se tienen referencias de árboles que han existido de 94 m de altura y más de 11 m de diámetro. La secuoya gigante, conocida y más vieja con 3200 años, se calculó su edad, con el recuento de sus anillos de crecimiento”. Así mismo, la Sequoia sempervirens  es  “un árbol perennifolio muy longevo (entre 2000 y 3000 años) y la conífera más alta que existe, llegando a alcanzar 115,61 m de altura (sin incluir las raíces) y 7,9 m de diámetro en su base.” Igualmente señala que su nombre actual, típicas de la Alta California y del Oregón, es en homenaje al jefe cheroqui llamado Sequoyah. En España las introdujo

El nombre por el cual actualmente son internacionalmente apeladas estas coníferas típicas de la Alta California y del Oregón les fue dado en homenaje al jefe cheroqui llamado Sequoyah.

Fue introducida en  Granada por el escritor y viajero Washington Irving en 1839  y hoy abundan en muchos parques europeos debido a su alto valor ornamental.

Curiosamente, y debido al aparente período de vida eterna de las mismas, las secuoyas costeras se denominaron “las secuoyas eternas” a principios del siglo XIX; en latín sempervirens significa ‘siempre verde o eterno’, una coincidencia desconocida a todo aquél que nombró a esos gigantes.

En la provincia de Soria encontramos secuoyas en los jardines del palacio de los Gregorio en Quintana Redonda, así como en el término de Matamala de Almazán, concretamente en el bosquete de coníferas de la la antigua fábrica de la Concepción donde se transformaba antaño la miera en aguarrás y colofonia. También hay secuoyas en las escuelas viejas.

“Entrar en un bosque de secuoyas, es una experiencia, que casi podíamos decir mística. Los grandes árboles que se yerguen con su porte elegante hasta alcanzar las nubes dan un aspecto sobrecogedor de la majestad de la naturaleza”, destaca Miguel Herrero Uceda en su libro “El alma de los árboles“.

En España podemos captar esta sensación que describe Herrero Uceda en el parque de secuoyas de la finca “La Lasa” en Huéscar (Granada) y en el Bosque de Secuoyas del Monte Cabezón sito en Cabezón de la Sal (Cantabria), aunque el mayor impacto anímico y sensorial emana del mayor bosque del mundo en secuoyas, el del californiano Parque Natural de Yosemite en EE.UU.

 

 

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