Soria en la Historia

El Más Allá en Soria: las tumbas de lajas medievales

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La Soria medieval contaba con 35 collaciones a modo de pequeñas aldeas agrupadas en torno a su iglesia, lo cual quiere decir que existieron 35 cementerios puesto que, a tenor de lo dictaminado en el Sínodo de Arras en 1025 el reagrupamiento de la población debía hacerce en torno a cada iglesia apoyando así la fijación y protección de los cementerios, los cuales tenían acotado una superficie de unos treinta pasos en torno a la iglesia, siendo algo menor en el norte.  Dentro de los templos también se llegó a enterrar a algunos cadáveres de estamentos privilegiados. En el concilio de León de 1267 todavía se prohíbía enterrarse dentro de las iglesias, señal de que se hacía.

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Tumba en Plaza de Abastos. Dibujo de Carlos de la Casa

Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la ciudad han puesto de manifiesto algunos enterramientos en seis cementerios: San Pedro, San Nicolás, San Miguel de Montenegro, San Esteban, San Salvador y San Juan de Duero. Un resumen de los hallazgos funerarios han sido expuestos por Manuela Doménech Esteban en “Los cementerios urbanos de Soria” dentro del libro “La ciudad de Soria en la Edad Media” (1991), que nos va a servir de fuente documental.

En el claustro de la concatedral señalaba Manuela Doménech la presencia de “algunas cabeceras monolíticas, en forma de herradura, pertenecientes a tumbas de lajas” que aparecieron al realizar algunas restauraciones in situ. En San Nicolás se exhumaron a mediados de los setenta algunos restos funerarios. En la Plaza de Bernardo Robles se derruyó la iglesia de San Miguel de Montenegro a finales del s. XVI y en 1600 se trasladaron restos funerarios a la capilla de San Miguel de la concatedral. Así mismo en 1965 se documentó una sepultura de lajas y otras dos cabeceras de herradura.

En 1990 en la Plaza de San Esteban se llevaron a cabo unos trabajos arqueológicos antes de las obras del parking subterráneo colindante y se encontraron 22 enterramientos: sepulturas de lajas con cerramiento en cabecera y pies y cobertura, con restos óseos en veinte casos y con frecuencia de individuos distintos en la misma tumba, signo de su reutilización medieval.

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Más datos sobre esta necrópolis los podemos consultar en su artículo: “Necrópolis medieval de San Esteban, Soria” (Numantia: Arqueología en Castilla y León,  Nº 4, 1989-1990)

 

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Necrópolis de la plaza de San Esteban. Planimetría de J. del Campo

La iglesia de San Esteban fue derruida en 1804 y sus piedras sirvieron para reconstruir partes de la muralla así como las Puertas del Postigo, Balobos y del Rosario. Así mismo, el Ayuntamiento determinó en 1867, ante unas obras en la Plaza, que si aparecían restos funerarios, “se trasladen con el más esmerado cuidado” al nuevo cementerio de la ciudad. En mayo de 1936 se encontraron algunas tumbas al realizarse algunas obras en esta plaza, llamada entonces Plaza de la República: “han aparecido varias sepulturas y huesos de esqueletos humanos, que se cree proceden de la antigua parroquia de San Esteban”, publicaba el periódico “Labor” según Manuela Doménech.

En el claustro de San Juan de Duero se exhumaron cuatro tumbas en 1978 y en 1980-81 se descubrieron, aunque no se exhumaron, doce sepulturas y en dos de ellas había una moneda. Las dos monedas encontradas, como sucede en otras necrópolis medievales de la provincia, testimonian seguramente un enlace ritual con la costumbre funeraria grecolatina del pago de una moneda a Caronte para poder cruzar la escatológica laguna Estigia. También se dice que, en aquellos casos en que se colocaron en la boca del difunto, simbolizaban la hostia sagrada, pero no cuando se depositaban en la mano o en el pecho.

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Necrópolis de San Juan de Duero con planimetría de C. de la Casa y E. Terés

Por otra parte, durante las obras de vaciado del solar anexo a la iglesia de San Salvador realizadas en 1993 se descubrieron dos tumbas de lajas.

 

Algunas conclusiones

Según manifiesta Manuela Domènech:

  • “Desconocemos si en Soria se seguía la costumbre de lavar y exponer posteriormente al difunto, pues en ningún cementerio de los excavados ni en la Ciudad, ni en la provincia, se ha descubierto ni la piscina ni el banco lavatorio”.
  • “Sí sabemos que los difuntos eran envueltos en sudarios e introducidos en las cajas de piedra, tumbas de lajas, o depositados en el suelo o en fosas, y no tenemos constancia en los casos analizados de la ciudad de la existencia de ataúdes de madera”.
  • Salvo en dos casos de la necrópolis de San Esteban, las sepulturas son de lajas y todas con la misma estructura, destacando su cabecera monolítica en forma de herradura, claro antecesor de la tumba monolítica, es decir, del sarcófago”   Están orientadas con la cabeza mirando al este.
  • Son enterramientos “que surgirían a finales del XII principios del XIII y que permanecerían en auge hasta la centuria del XV”.
  • Se supone que, al igual que la estadística provincial constada por Carlos de la Casa, “los varones poseerían una estatura media que variaría entre los 160 y 165 cms. Y las hembras 155 y 160 cms. La edad media de vida estaba situada en torno a los 38-47 años para los varones y 30-40 en las hembras”.

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