Sancho IV

Bodas regias en Soria (2): Jaime II de Aragón y la infanta Isabel de Castilla

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La actual ciudad de Soria fue la cabeza de una realenga Comunidad de Villa y Tierra que ocupaba algo así como un tercio del actual territorio provincial, siendo tierra fronteriza con Burgos, La Rioja,  Navarra y Aragón. Por tanto, durante los diversos conflictos políticos y, cuando los hubo, bélicos entre los reinos de Castilla con Navarra y Aragón, su situación geoestratégica fue muy importante. Cada rey, dueño y señor primero de todo este territorio de realengo  procuró tener a su lado a los caballeros de la Comunidad de Villa y Tierra de Soria ya que era un contingente preparado para custodiar las “rayas fronterizas” y combatir si era preciso. Así que no es de extrañar que diversos Tratados de Paz se llevaran a cabo en los “límites” o en la misma Soria.

Durante la turbulenta relación existente entre Alfonso X el Sabio y su hijo, el futuro rey Sancho IV,  desde las Cortes de Sevilla (octubre de 1281) y el fallecimiento del Rey Sabio (4 de abril de 1284), parece ser que Soria y su Tierra estuvo al lado del rebelde Sancho IV. Soria le sirvió como “base de operaciones”, por ejemplo, contra la Ágreda de 1283 que se había “pasado” al bando de su padre, Alfonso X (el 22 de abril cercaba Ágreda y el  6 de mayo regresaba a Soria tras castigar a los “sublevados agredeños”).

Y sería en Soria (villa todavía para unos historiadores, ciudad para otros) donde firma el 13 de febrero de 1285 dos documentos favoreciendo a Ágreda en diversas cuestiones. En el segundo, se lee: “Sancho IV, en unión de la Reina doña María [de Molina] y de la Infanta doña Isabel, su heredera, por hacer bien y merced al concejo de Ágreda, a los que morasen dentro de los muros de la villa, y porque había visto una carta que les dio eximiéndoles de todo pecho pedido servicio, martiniega, fonsadera y facendera, excepto moneda forera, les concede esa misma exención a perpetuidad en tal manera que ellos cerquen la villa de Ágreda e fagan los muros e adoben las torres e los andamios y que, actuando así, prohibe a todo recaudador pedirles ningunos de los mencionados derechos, salvo la moneda forera”.

Para resolver diversos conflictos con el rey de Aragón se reunió Sancho VI el 29 de noviembre de 1291 en Monteagudo de las Vicarías con Jaime II de Aragón y pactaron diversos acuerdos. Así nos lo resume la Gran Enciclopedia Aragonesa: “Jaime II de Aragón y Sancho IV de Castilla venían enfrentándose militarmente con motivo del apoyo que el aragonés proporcionaba a la causa de los infantes de la Cerda, aspirantes al trono castellano. Pero Jaime II necesitaba la paz en la Península para poder dedicar todos sus esfuerzos a conservar Sicilia, a la vez que Sancho IV la precisaba para dedicarse a la frontera granadina. Ambos monarcas signaron un tratado en Monteagudo de las Vicarías (Soria), en 1291, por el que, además de concertarse el matrimonio del rey aragonés con la primogénita del castellano, Isabel, las Coronas de Castilla y de Aragón se repartían en la práctica el Mediterráneo norteafricano, de manera que la Corona de Aragón se reservaba como zona de influencia las actuales costas de Argelia y Túnez, hecho que tendrá importantes consecuencias futuras. Por otra parte, Jaime II se comprometía a ayudar a Sancho IV en la toma de Tarifa (1292)”.

Sello de Sancho IV

En cumplimiento de estas Paces de Monteagudo se celebraron en Soria los esponsables (civile, que no eclesiásticos, pues estaba pendiente la dispensa papal por consanguinidad) entre la infanta Isabel de Castilla, de nueve años de edad, y Jaime II de Aragón.

Cronicón DNI Joannis Emmanuelis. Yerra con la fecha del matrimonio.

Del 1 de diciembre de 1291 tuvieron lugar los esponsales y se firmaron varios documentos, como éste de las “arras” dadas por Jaime II a la infanta Isabel, su esposa.

He aquí otro documento suscrito en Soria por ambos reyes (Sancho IV y Jaime II), que comienza así y en el que se redunda sobre los acuerdos de Monteagudo:

Tras morir Sancho IV en Toledo el 25 de abril de 1295, el rey aragonés “devolvió” a Castilla a su esposa-niña (no se consumó, lógicamente,  el matrimonio). Ella se casaría posteriormente en Burgos con con Juan III de Bretaña, hijo de Arturo II, en segundas núpcias para ambos y sin descendencia alguna.

¿A qué fue debida realmente la ruptura del compromiso matrimonial de Jaime II? Pues entre otros factores políticos a la solución alcanzada por Jaime II respecto a Sicilia en el Tratado de Agnani (20 de junio de 1295) que, entre otras cosas, conllevó la promulgación de una bula por parte del papa Bonifacio VIII, el 24 de junio de 1295, declarando nulos los juramentos, homenajes y toda suerte de compromisos suscritos en Soria por los esponsales, nulidad devida a la consanguinidad de tercer grado entre Jaime II e Isabel (lo cual erá más que sabido ya cuando tuvieron lugar los esponsales en Soria). A su vez, Jaime II, cumpliendo el Tratado de Agnani,  concertaba su boda con Blanca de Anjou con quien se casaría el 29 de octubre de 1295.

Del libro “Relación castellano-aragonesa desde Jaime II a Pedro el Ceremonios” escrito por Angels Masià i de Ros

 

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